A Rajatabla

Una ciudad abierta

Cuentan que en Monterrey se abrió un negocio denominado Pieles Finas que no es sino una casa de citas elegante para atender los apetitos de ejecutivos extranjeros.

Como en el caso peruano que Vargas Llosa describió en Pantaleón y las visitadoras, el negocio habría ampliado sus servicios para la clientela local en la colonia más próspera de la ciudad.

No importa aquí la denuncia de ese hipotético negocio, sino abordar el tema de la necesidad de adecuar la ciudad y sus servicios para los efectos del torrente de inversión extranjera que llega, con su legión de ejecutivos y familias.

Y más van a llegar con el auge de los negocios relacionados con los energéticos.

Es la convocatoria colectiva, a concebir a Monterrey como una ciudad cosmopolita, menos ranchera, plural en sus templos, restaurantes, centros de entretenimiento, colegios, universidades.

Vaya, empezar por nomenclatura en varios idiomas, cursos para enseñar el español como segundo idioma, grupos voluntarios para ayudar a las familias extranjeras a adaptarse.

Ofrecer al mismo tiempo la comida rápida que rige en el mundo, y los antojitos nuestros pero en condiciones higiénicas.

El acomodo civilizado a una cultura global que ya domina en el cine, la televisión, la ropa que utilizamos, los gustos de los muchos universitarios que han vuelto de los intercambios a Europa, al Asia.