A Rajatabla

Se busca candidato

La honestidad de los políticos es como el fondo con que se cubren las mujeres: se usa pero no se enseña a la menor provocación.

No es compromiso de campaña: es prerrequisito ineludible en el servicio público.

Vale aclararlo porque en una semana más se abre informalmente el largo proceso de empatar las aspiraciones de los presuntos con las demandas de los ciudadanos.

Advertir que la honestidad no está a discusión. Que en las puertas de la política está colgado un cartel que dice: "Deshonestos, abstenerse".

A partir de ahí, necesitamos hombres y mujeres que tengan ideas, que conozcan el estado, su historia. Ya es inexcusable repetir errores del pasado, improvisar soluciones, ver al ciudadano como votante manipulable, en lugar de cliente demandante. Los tamaños de los aspirantes no los vamos a dimensionar a través de su propaganda melosa o de los textos como telegramas en las redes sociales.

Exigimos propuestas claras sobre la deuda, la pobreza, las escuelas, el desarrollo urbano, la salud.

Que nos digan con precisión cuál es su visión del estado. En qué va a diferenciarse NL después de su paso por Palacio.

Más elocuentes en sus pósters y carteleras van a ser los testimonios sobre su comportamiento en los cargos que ahora desempeñan.

¿O a poco van a amanecer un día de postulación repentinamente honestos, sabios y visionarios?