A Rajatabla

¿Cuál austeridad?

En la ciudad de Monterrey y en el estado de Nuevo León abundan los testimonios y evidencias sobre los moches, las licitaciones tramposas, enriquecimiento familiar, uso abusivo de helicópteros, viajes injustificados al extranjero.

Difícil creer en la austeridad si en las oficinas abiertas al público ya no cuentan ni con papel sanitario, pero mientras, no vemos a ningún funcionario municipal o estatal desplazándose en Metro o camión, vacacionando en Linares, viajando en clase turista, casando a los hijos en la oficialía.

Tampoco ayuda la actitud de ciudadanos y de medios de condenar a priori y parejo a todos los servidores públicos, sin excepción, sin reconocimiento para las medidas positivas contra el gasto excesivo y la corrupción, cuando las haya.

Habría que ver a organismos empresariales y a ONG realmente independientes, que así como elaboran semáforos del delito, igual premiaran cada año al funcionario y a la dependencia con mejores resultados y políticas austeras.

Gratificar con el reconocimiento público a los funcionarios con conducta más honesta, y transparente.

Sin incurrir en partidarismos ni en campañas preelectorales a trasmano.

No se trata de adular funcionarios, sólo de atender la sugerencia de los psicólogos de que hay que gratificar las conductas positivas para que se repitan y generalicen.