A Rajatabla

Violencia en casa

Es espectacular y siembra temor, y hasta pánico en la comunidad, la violencia de las ejecuciones, secuestros y asaltos a mano armada.

Pero es más ominosa y corrosiva la otra violencia. La de puertas adentro del hogar. La cometida entre miembros de una misma familia.

Nuevo León presenta actualmente una alarmante alza en la incidencia de esa violencia.

La estadística se dispara, en parte, porque crece la cultura de la denuncia entre las mujeres y familias vejadas.

El problema es asunto de policías y jueces en su último extremo: cuando hay muertos y lesionados graves en las disputas familiares.

Pero difícilmente se puede reprochar al gobierno la multiplicación de casos de violencia familiar, como la que padecemos ahora.

El llamado es a las iglesias, a las escuelas, a los organismos sociales; a desarrollar estrategias de persuasión que destierren la barbarie del machismo armado, de la violencia como solución de conflictos.

Y tomar medidas prácticas, tanto públicas como privadas: más casas de resguardo para las víctimas, más centros de rehabilitación de violentos, un programa de hogares sustitutos para menores en riesgo.

Y asimilar socialmente el reto para la educación: formar generaciones de pacificadores.

La violencia familiar la cometen unos cuantos, pero nos infama a todos. No es sólo problema del gobierno, es de todos.