A Rajatabla

Variedad

Tuvimos dos gobernadores que antes fueron rectores de la Universidad, un ganadero o dos, un economista, un burócrata con alma y sensibilidad (Alfonso Martínez Domínguez), un fiscalista, un empresario y dos o tres políticos con carrera nacional en el servicio público.

Cada vez experimentamos la misma sensación, que estábamos probando caminos que podían llevar al fracaso al Estado, no se llevaba aparentemente ser intelectual y gobernador, tampoco ganadero bronco, estudioso de gabinete, desarraigado joven o viejo.

Una y otra vez la historia nos reviró con gobernadores espléndidos llenos de fruto y de patriotismo. Ninguno fue monedita de oro, todos sufrieron críticas y oposición encarnizada.

Es ahora, con la perspectiva del tiempo, que apreciamos sus aportaciones a la vida de Nuevo León. La Ciudad Universitaria de Rangel Frías, el drenaje pluvial de Eduardo Elizondo, la Macroplaza, las presas de La Boca, Cerro Prieto y el Cuchillo más los museos, el Paseo Santa Lucía, el Parque Fundidora.

Por todo eso suena histérico el clamor ante la posibilidad muy real de que vamos a tener gobernadora, como si fuera el fin del mundo o la catástrofe de Nuevo León. El estado aguanta eso y más, progresa con y sin gobernador, sabe aprovechar las virtudes de cada uno.

Vamos a tener gobernadora y más vale que aprendamos a aprovechar su juventud, su entusiasmo y su don de gentes, no importa cómo se llame ni cuál sea su origen.