A Rajatabla

Urge un alcalde

En un estado macrocefálico como Nuevo León, con el 85 por ciento de sus habitantes viviendo en la zona metropolitana, el municipio de Monterrey es o debiera ser la joya de la corona.

Tiene los ingredientes de una gran ciudad: el mejor capital humano de la República, las empresas exportadoras, la inversión extranjera más abundante, un parque excepcional como el Fundidora, la enorme Macroplaza, comercio de calidad, numerosas universidades, hospitales, centros de diversión.

Sólo le falta un ingrediente básico: un buen gobierno municipal, capaz de pavimentar sus calles a tiempo, de iluminar la ciudad a bajo costo y eficiencia, que planee su futuro y no se deje arrasar por él.

Pero en los últimos veinte años, el municipio ha padecido administraciones mediocres, con resultados escasos, con un costo cada vez mayor y con la corrupción de sus dependencias.

Hasta el extremo de tener que meter soldados y marinos a sustituir a sus policías y agentes de tránsito.

Sea panista o priista, necesitamos un alcalde visionario, echado para adelante. Uno que no tenga que ir a aprender a Brasil y Colombia cómo gobernar una ciudad más importante que cualquiera de esos rumbos.

Si el PRI y el PAN no hallan un buen prospecto en sus filas, que se abran a buscar el mejor candidato ciudadano, antes que nos alcance el futuro, si es que aún no nos atrapó.