A Rajatabla

¡Uf, congestionados!

Salvo que no se bajen del helicóptero ni para ir al Oxxo de la esquina, es probable que cada mañana los funcionarios municipales y estatales compartan la impaciencia y las angustias de los regiomontanos, atrapados en congestionamientos sin fin.

No es una simple molestia ciudadana: ya es una crisis cotidiana que está trastornando la vida de las familias, afectando la productividad, elevando la contaminación.

Es de tal magnitud el problema, tan urgente, que no se explican los ciudadanos por qué no hay una junta emergente de todas las autoridades involucradas. Un plan de contingencia en acción, una atención prioritaria, como la que le dedicaban a los crímenes y los asaltos recientes.

Los atrapados en los congestionamientos ya agotaron el catálogo de las posibles causas: es que hay Clásico, es por el fin de quincena, por el regreso a clases, por las peregrinaciones, por el Buen Fin, por un choque, por una volcadura.

Todo eso causa incidentes. Pero los expertos dicen que la razón más común es que las calles ya están repletas de vehículos.

No es problema de circulación, es que ya no caben en la superficie rodable.

Necesitamos menos vehículos, más calles, túneles, incentivos para usar el transporte público, para dejar el auto en casa.

Ahora mismo y entre todos, ¿o nos organizamos como hicieron en Michoacán contra los Templarios?