A Rajatabla

Transición

Estamos viviendo un momento crítico del pasaje de un Gobierno a otro en condiciones singulares de nuestra historia, con un gobernador que ganó como candidato independiente, un partido mayoritario a punto de naufragio político y con una comunidad encrespada contra su propia historia y su clase política.

De un lado están los utópicos, los que dijeron que todo estaba mal y propusieron un cambio radical de líderes y de sistemas de gobernar; del otro lado de la mesa está un Gobierno a punto de entregar pero que está convencido de que le fallaron algunas cosas.

Y hay un tercer punto de vista: que hay mucho que mejorar y corregir, pero que sea como sea el saldo histórico, es un Estado de avanzada en lo industrial, tecnología, productividad, exportaciones e inversiones extranjeras.

O sea que Nuevo León es uno si se le compara con el resto de un país rezagado en muchos aspectos, y otro si se le compara con la utopía quizá inalcanzable.

Ésa es la responsabilidad de ambos equipos de transición: identificar lo que está bien hecho y construir sobre esa realidad el Estado más perfecto y moderno, un Estado que sea el mejor para vivir, estudiar, trabajar y progresar.

Que la transición, en fin, no sea sólo oportunidad para más guerra sucia, para condenar todo el estado actual y asomarse con ojos de fantasía imposible.