A Rajatabla

Tiempos de la ira

¡Cómo extraño a los estudiantes que quemaban camiones, a los sindicatos que hacían huelgas, a los empresarios que aventaban contra el Presidente marchas multitudinarias!

No añoramos el vandalismo ni abogamos por el desorden, valoramos el compromiso de aquellas generaciones universitarias que se echaban a la calle a protestar contra el alza en las tarifas camioneras, en nombre de la comunidad.

Tampoco queremos huelgas locas, pero sí sindicatos peleando derechos obreros, no negocios camioneros.

Detrás de la marcha de los años sesenta en contra de los textos gratuitos se disimulaba quizá una discordia ideológica de los empresarios contra el sistema priista, pero en la marcha del 2 de febrero más de cien mil ciudadanos se concentraron frente a Palacio de Gobierno para impugnar el adoctrinamiento de sus hijos.

Medio siglo después, los estudiantes se han tornado pasivos, indiferentes ante los problemas de su comunidad. Prefieren chatear y seguir a los famosos en Twitter.

Los sindicatos venden la paz laboral con contratos simulados.

Los empresarios ahora cabildean en lo oscurito con legisladores y secretarios, pero no osan firmar un manifiesto para exigir la guerra contra la corrupción y la impunidad.

No hacen ni el intento de denunciar y segregar a sus colegas que son cómplices agradecidos de la cultura del moche y el contratismo.