A Rajatabla

Sucia y fea

Vuelve a ser vigente el duro diagnóstico que hizo Alfonso Martínez Domínguez sobre Monterrey en 1979, calificándola como una ciudad chaparra, sucia y triste.

Otra vez luce la ciudad sucia, con sus calles a media luz, los pavimentos destrozados, los cruceros congestionados; sin suficientes agentes de Tránsito y con presencia inapreciable de policías municipales.

Sin enfatizar el color partidista de los alcaldes de los últimos 20 años —seis panistas y uno priista—, Monterrey muestra ese deterioro desolador en la calidad de sus servicios, rezago en obras públicas y falta de solvencia de su administración.

No es problema de recursos, aunque las finanzas municipales nunca fueron óptimas. Pero se han gastado miles de millones de pesos en esas dos décadas en puro gasto corriente.

Ante aquel diagnóstico desafiante de Martínez Domínguez, el Gobierno del Estado, el municipio y la comunidad respondieron movilizando todos los vehículos particulares para levantar la abundante basura, se hizo la Macroplaza, se sembraron bellos edificios como el Teatro de la Ciudad y los museos.

Ahora, ante el desastre urbano, que no es exclusivo de Monterrey, porque se derrama sobre los otros municipios metropolitanos, se extraña la postura de reclamo de los ciudadanos, la intervención cuestionadora de los organismos intermedios.

¿Quién empuñará la escoba y tomará agua y jabón para asear la cara regia?