A Rajatabla

Sexenio de siete años

Dicen que el mandato del Ejecutivo dura seis años en su apogeo. Que en el séptimo la residencia oficial de ambos se convierte en crujía más que vivienda y ahí le cobran el poder inicial con intereses compuestos.

Pero la historia nos dice que a Vicente Fox, la carroza presidencial se le convirtió en calabaza faltando un año para entregar el cargo al que había llegado con fanfarrias y grandes expectativas. E igual le pasó a Carlos Salinas, quien concluyó un sexenio de grandes logros con guerra en Chiapas, el asesinato de Colosio y el de Ruiz Massieu.

Los expertos dicen que el error está en el cálculo de esos seis años y del desgaste que generan para el titular del Poder Ejecutivo.

Los seis años empiezan no el día primero de diciembre, sino un año antes cuando cortejan el voto y reciben las aclamaciones. Sume ese año y los siguientes cinco, y ya tiene el sexenio de poder.

El último año formal hasta Natura pasa la factura. López Mateos salió casi en artículo de muerte. Díaz Ordaz casi ciego. López Portillo enfermo terminal de lascivia; todos los demás canosos o calvos, arrugados y a punto de divorcio.

¿Efectos fulminantes del último año? Más bien el acumulado de seis años de trabajo arduo. Es que los años en Los Pinos o en palacio de los gobernadores no son naturales, sino caninos y cuentan por siete.

jvillega@rocketmail.com