A Rajatabla

Servidores, no príncipes

Necesitamos una tabla de pesas y medidas para evaluar al gobernador, a los alcaldes, como mandatarios nuestros; más allá de sus obras y de su honradez, por su cercanía con los ciudadanos.

Evaluar, por ejemplo, cuántos filtros hay que pasar para llegar hasta ellos, si es que se puede llegar.

¿Tienen en su agenda un tiempo fijo para dar audiencias a ciudadanos?

¿Sus palacios lucen como casa del pueblo o son sólo museos para enclaustrarse?

¿Conocen de cara y nombre a cinco pobladores de su municipio o de su estado?

¿Cuántas veces al año se los encuentra en el súper, el cine, la plaza?

¿Sabe usted si juegan con sus hijos? ¿Si leen libros alguna vez en el año? Un día al mes, nada más, que se trasladen a Palacio en Metro, Ecovía, camión o taxi.

Para verlos vacacionar, ¿basta con asomarse por Santiago o Allende, San Luis o Tampico? ¿O necesita viajar a las grandes capitales del mundo?

Comprendemos que la seguridad los obliga a las camionetas blindadas, al helicóptero, a los escoltas. 

Sin embargo, el acceso fácil a ellos, el verlos en sociedad, nos puede producir la sensación de tranquilidad y civilidad que anhelamos.

No pedimos tanto. Sólo que se comporten como en campaña, cuando casi nos ponen casa, llaman a la puerta con regalos y nos juran amor eterno y volver a comer un taco con los del barrio.

jvillega@rocketmail.com