A Rajatabla

Ranchos sin puertas

Gráfica demostración de que ya pasó la cresta más ominosa de la violencia del crimen organizado, es el retorno gradual de los regiomontanos a sus casas de campo y las cacerías en la región.

Pero los criminales dejaron atrás una legión de ex servidores, halcones, choferes, sicarios, que extrañan los pagos abultados, las camionetas expropiadas, las mujeres y, sobre todo, la droga que los complacía.

Sin empleo, sin dinero para satisfacer su voraz adicción, siguen los pasos de sus mentores, aunque ya no dispongan tan fácilmente de armas de alto poder o raudos vehículos.

En una zona de Cadereyta y San Juan, hace unos días amanecieron docenas de casas de campo sin sus puertas metálicas, algunas de pesado hierro forjado.

Las tumbaron a mazazos, las cargaron en un camión de redilas y las llevaron a vender como fierro viejo a un negocio de Apodaca.

En otras incursiones, los mismos delincuentes, avecindados en San Juan, ya habían saqueado medidores, transformadores, artefactos de cocina, hasta sanitarios.

Las víctimas conocen a los ladrones., tienen testigos y hasta las placas de los vehículos.

Los cazadores, por su parte, informan de retenes del Golfo que les piden identificarse y les aseguran que castigarán a quienes los asalten y roben. Nosotros no estamos en eso, se ufanan.

La ley de la selva que también hay que erradicar.