A Rajatabla

Proyectos a medias

La Macroplaza y el Paseo Santa Lucía se planearon como detonadores de un proceso público y privado de regeneración urbana y de aprovechamiento racional de los espacios más caros pero más abandonados de la ciudad.

Hay que recordar el feo lunar que era el espacio de la Macroplaza: casas desvencijadas, calles estrechas, antros, una pasarela de prostitutas.

El Paseo de Santa Lucía transformó estéticamente lo que eran las tripas de la ciudad vieja: un canalón con más moscos y drenajes que agua.

Sus diseñadores, cada uno en su tiempo, pensaron en una Macroplaza escoltada por docenas de edificios para uso residencial y de comercio. En generar una zona privilegiada para la vida y la convivencia de los regiomontanos.

Santa Lucía, a su vez, provocaría un corredor de edificios públicos y privados en sus márgenes.

Nada de eso ha sucedido. Falló la promoción de Gobierno del Estado, el apoyo del municipio de Monterrey.

Fallaron los inversionistas y los desarrolladores con las obras complementarias y de usos privados.

Igual pasó con Convex, aislado en un barrio miseria, que ni el estado ni el municipio han aprovechado para regenerar la zona.

Y el desarrollo sobre el viejo mercado Colón, con una soberbia torre, auditorio y espacios para oficinas y departamentos. Pero luce estrangulada, con calles angostas y sin ninguna obra pública que haga el contrapunto estético.