A Rajatabla

Proyecto

Pasado el momento explosivo de las elecciones y con un cambio casi revolucionario en el poder, debiéramos estar preocupados y terriblemente ocupados tanto los funcionarios nuevos como los ciudadanos.

El discurso previo era que Nuevo León estaba hundido en la desvergüenza e infectividad.

Lo dominante era la corrupción y el desaliento ciudadano permeaba todos los asuntos públicos.

Pero al siguiente día de las elecciones amanecieron, como siempre, millones estudiando, haciendo negocios o desempeñando un empleo

Todo se ve más normal de lo que creíamos, pero es inocultable que hay problemas serios de fondo.

No vemos llenos los periódicos de propuestas ciudadanas, y como cada seis años, esperamos que un político nos ofrezca soluciones mágicas y que todo se acomode para bien del Estado.

Y vaya que basta con asomarnos a la calle para ver cómo la corrupción se tradujo en la destrucción de los pavimentos, en el surgimiento de más polígonos de pobreza y un crimen organizado que aún nos hace garras.

Las voces de sensatez que pedíamos en campaña hacen falta ahora para convocarnos a la mesa de negociación y la conciliación entre intereses y grupos.

Y seguimos ignorando si fue un desperdicio la candidatura de Ivonne Álvarez o un acontecimiento espectacular y revolucionario la proclamación de Jaime Rodríguez Calderón.