A Rajatabla

Presiones y chantajes

Los priistas no son blancas palomitas pero los panistas los superaron en artimañas y chantajes en la discusión sobre la ley electoral de Nuevo León.

Primero sabotearon el periodo extraordinario, llevando el proceso hasta dejar al adversario junto a las cuerdas.

Faltos de razones para el debate, después pidieron a su líder nacional que presionara a la Secretaría de Gobernación con un chantaje en gran escala: si no se aprobaba la ley local en Nuevo León tampoco habría reforma energética, que es de interés vital y nacional.

Luego se dijeron víctimas de la aplanadora priista y demandaron que se aprobaran todas sus propuestas.

En realidad sólo les importaba una: evitar que los partidos menores tengan un diputado más por las razones más mezquinas, para evitar que esos partidos ayuden en el futuro al PRI a hacer mayoría o a contrarrestar una eventual mayoría panista.

Logrado ese objetivo maniobrero y con la presión desde México para lograr una intromisión federal, como las que suelen condenar, lograron que el PRI dejara en la estacada las reformas que había acordado con la llamada chiquillada.

Victoria un tanto pírrica porque Gustavo Madero insiste en chantajear no al PRI, sino al presidente Peña Nieto.

Cuando ya se hayan aprobado la leyes secundarias, al PAN le van a cobrar la factura y en la peor circunstancia, en año electoral.