A Rajatabla

Pendientes de Medina

Para fines prácticos, el sexenio de Rodrigo Medina ya entró en su fase final, con apenas 23 meses restantes para dejar su huella definitiva en la historia del estado.

En cinco capítulos importantes tiene que buscar dar grandes aldabonazos que modifiquen de raíz la vida de sus gobernados.

Disminuir al máximo las dos cifras más vergonzantes de Nuevo León: sus 80 mil muertos de hambre y sus 70 mil   analfabetas.

Dar la batalla en serio a la corrupción, no para los discursos y la propaganda,   porque envilece al gobierno y sangra los dineros públicos. La agenda de esa profilaxis está en los archivos de los medios, en la queja y la sospecha diarias de los ciudadanos.

El tercer frente es el de la Seguridad: irradiar a todas las corporaciones la estructura, la disciplina castrense de la Fuerza Civil. Que ese grupo de elite sea la levadura que leude la masa, no sólo la excepción para lucir en los desfiles.

A contrarreloj, y sabiendo que ya no le alcanza el tiempo para concluir las obras, emprender y avanzar los proyectos más ambiciosos: la tercera línea del Metro y traer el agua del Pánuco.

Muy tarde, pero aún será tiempo de romper sus ataduras con González Parás: aclarar  las causas de la enorme deuda del estado, asignar responsabilidades y culpas, caiga quien caiga. 

Todos esos temas no son opcionales, sino asignaturas obligadas para aprobar el curso. Y no hay segundas.