A Rajatabla

Palacio carísimo

Al entonces alcalde Leopoldo González Sáenz, en 1976, le reprochaban lo costoso del actual Palacio Municipal, en el que se invirtieron, con todo y su equipamiento, 96 millones y medio de pesos.

Un triste paso a desnivel lo cobran hoy a 150 millones de pesos. Y financiado como el de Leones, nos saldrá en 300.

Polo, como recuerda uno de sus amigos, tuvo la virtud de saber moderar su ambición personal. Vivió toda su vida en la misma casa, sus hijos tuvieron que buscar empleos.

Y vaya que fue diputado federal tres veces, alcalde de Monterrey dos veces y, sobre todo, fue el primer director del Metro de Ciudad de México, donde licitó la construcción y equipamiento de los primeros 42 kilómetros. O sea que firmó contratos por millares de millones.

La comunidad valoraba y apreciaba a ese político excepcional. Al concluir su primera alcaldía, a principios de los años sesenta, las agrupaciones obreras, sociales, las cámaras y clubes de servicio, todos le rindieron homenajes de reconocimiento y gratitud.

La segunda vez que fue alcalde salió de Palacio para incorporarse al Gabinete presidencial como subsecretario.

Con todo su fulgurante currículo, Polo se dolió hasta su muerte de no haber sido ni gobernador ni senador.

Pero su figura se agiganta a la vista de quienes hoy detentan los grandes cargos públicos y sólo los aprovechan para servirse y enriquecerse. Con avidez. Como si no hubiera un mañana. ¿Necesita que le pongamos sus nombres?

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