A Rajatabla

Pa’ Fundidora

Un regiomontano que recorría las avenidas escoltadas por parques y zonas jardinadas del norte de San Antonio, Texas, hacía una observación aguda y cargada de malicia.

Aquí bien cabe otro millón de habitantes, cinco mil puesteros y posesionarios.

Pensaba en las abigarradas ciudades mexicanas, como Monterrey, con casas pegaditas una con otra, cubiertas de asfalto y con todo espacio libre en posesión de un ocupante irregular.

Por eso resulta tan atractiva la zona de Valle Oriente: avenidas amplias, casas rodeadas de jardín, plazas y espacios públicos en medio de docenas de edificios airosos, de bella arquitectura. Pero la naturaleza y los traficantes del suelo urbano odian el vacío.

Han querido llenar, así sea en ocasiones aisladas, los espacios libres de Valle Oriente con multitudes de más de 30 mil jóvenes con su música ruidosísima, con su estela de droga, alcohol y autos ruidosos.

Los vecinos lograron ahuyentar uno de esos eventos, de lucro privado, Pa’l Norte, que tuvo que mudarse al Parque Fundidora.

La empresa organizadora apostaba a que convencería al municipio de San Pedro; o lo vencería con un amparo. Y seguía con la venta de boletos y promoción del concierto en la sede de Valle Oriente.

Pero los vecinos y la sensatez ganaron la pelea. Bien por el alcalde Ugo Ruiz.

Bien por el entretenimiento juvenil. Pero no a costa de los oídos y el sueño de los vecinos.