A Rajatabla

Un PRI en harapos

El PRI de Nuevo León lleva más de quince años en la indigencia.

Con estrecheces económicas, víctima del amor a la mexicana —mucho afecto pero cero apoyos— por parte de los priistas prominentes, pero también de sus miembros de base, que eluden pagar cuotas o comprometer donativos.

Sus finanzas son de temporal. Sólo se robustecen en tiempos de campaña, y se administran desde oficinas alternas, las de los candidatos.

Tuvo sentido su crisis en el sexenio de Fernando Canales. El PRI pasó a la oposición y sufrió golpes demoledores desde Palacio.

La competencia electoral de verdad, el reclamo de transparencia de las cuentas públicas, cortaron el cordón umbilical de un partido acostumbrado a funcionar y sostenerse como dependencia del Ejecutivo.

El amor y la política reclaman sustento económico. Abandonado a su suerte, el PRI de Nuevo León ha ido perdiendo posiciones importantes, como las alcaldías metropolitanas, la mayoría en el Congreso local, la mitad de las curules federales.

Está perdiendo además su dominio en los barrios populares, en los más pobres, cortejados ahora por los alcaldes panistas con la dosis tradicional de despensas, brigadas, apoyos en la nómina.

En tiempos de retorno del PRI a Los Pinos y frente a un PAN combativo y efectivo, el PRI tendrá que hacer examen de conciencia y asumir el reto de fortalecer sus finanzas bajo la nueva dirigencia de Eduardo Bailey.