A Rajatabla

¿Necesitamos gobernador?

A lo largo de la historia contemporánea Nuevo León ha tenido gobernadores como los tamales: de dulce, de chile y de manteca. Buenos, malos y mediocres.

Pero no hay relación entre el desarrollo económico, social y político del estado y la calidad de los gobernadores.

Aún en tiempos malos o mediocres, la entidad avanza por su propia iniciativa y por sus medios. La abrumadora mayoría del talento y los recursos disponibles se administra desde la esfera privada de los ciudadanos, no desde las oficinas públicas.

Alfonso Martínez Domínguez reseñaba en sus informes hasta el número de vuelos en el aeropuerto y el monto de los depósitos bancarios; todo sucede bajo mi Gobierno, nos aclaró cuando le cuestionamos el tono de soberano.

Cuando Eduardo A. Elizondo renunció intempestivamente a su gobierno, pudo temerse un cisma político y social de impacto económico. Nada de eso pasó.

Su sucesor Luis M. Farías hizo las paces rápidamente con los empresarios ofendidos y aun con los universitarios sublevados todo volvió pronto a la normalidad.

La transición de un gobierno priista a uno panista en el 97 y el retorno priista en el 2003 no causó marejadas ni trastornos. 

Con la catastrófica inseguridad que padecimos, deudas públicas desmedidas, por primera vez se volvieron críticos el carácter y los resultados de un Gobierno Estatal. 

De esa magnitud ha sido el reto para Rodrigo Medina, la pregunta ahora es si existe un candidato que cumpla con el perfil que demanda nuestro estado el día de hoy.

jvillega@rocketmail.com