A Rajatabla

Mozos del partido

¿Por qué un hombre tan intelectual como Raúl Rangel Frías, o un hombre de Iniciativa Privada que abominaba de los políticos, como Eduardo Elizondo, aceptaban ser priistas y llegar a la gubernatura bajo los colores de ese partido?

Puede ser que comulgaran con los principios y objetivos del PRI. Pero también es admisible suponer que sabían que era el único camino para llegar a servir a su comunidad.

El partido sólo les sirvió para llegar a ser gobernadores. Pero se dedicaron después a servir, a gobernar, ya no pensando en la militancia ni en la disciplina del partido, sino en los valores y demandas de su pueblo.

Ahora es muy diferente: el gobernador es priista hasta la hora de ir a misa o al baño. Cada acto suyo, cada decisión, no se le atribuyen a su patriotismo, a su celo de servidor, sino a su interés porque su partido gane la próxima elección.

Y los alcaldes panistas son la parodia de aquella dedicación al ciudadano: son panistas, actuando a nombre de su partido, administrando el presupuesto como herramienta electoral, considerando al municipio como botín faccioso.

Así llegamos al absurdo de que se les identifique a unos y otros como gobernadores priistas, como alcaldes panistas.

O sea, que se quedaron dentro de la botarga de candidatos facciosos por todo su periodo.

No asimilan que a la puerta de palacio deben dejar la militancia de partido, la filiación a una iglesia, la relación con familia y compadres.

jvillega@rocketmail.com