A Rajatabla

Mezcla

Le decíamos que en el proceso eleccionario que acaba de pasar irrumpió torrencialmente lo que podíamos llamar la generación del milenio.

La de los adictos a las redes sociales que las utilizan como su única fuente admitida de información y propaganda.

El fenómeno, que es mundial, aquí se dinamizó más por la presencia de elementos vernáculos.

Se vio el retorno de un caudillismo que había sido dominante por más de cien años entre el siglo XIX y XX.

Coincidió también una inconformidad por burlar a los ciudadanos que ya no creen ni en el Bendito.

Más la enfermedad social y política que destruyó todos los liderazgos cívicos, incluyendo cámaras, sindicatos, iglesias y universidades.

O sea, la condición principal fue un caos social que nos hizo huir entusiasmados a cualquier barca pirata con la sola promesa de destruir el sistema apolillado.

Todas las explicaciones son válidas para comprender lo que en la apariencia fue sólo la rebelión de los descontentos.

Y el acelerador de todo esto fueron las redes sociales con su anonimato y su libre acceso para cualquier persona, sin importar edad o condición social.

Ninguno de los elementos garantiza que vayan a mejorar nuestros procesos políticos o vayamos a contar con mejores ciudadanos, pero ya hay materia prima para cualquiera de esos cambios benéficos.


jvillega@rocketmail.com