A Rajatabla

El Mal Fin

Hoy empieza un periodo que bien podría llamarse el del Mal Fin, durante él se compran y venden votos al millar a diferentes precios y casi casi subastados, hay miles de ciudadanos que aceptan el soborno para votar en cierto sentido o para alquilar su credencial de votar.

No hay partido ni candidato que esté al margen de ese comercio inicuo y hoy cargan millones de pesos en efectivo para irlo repartiendo por los barrios, sobre todo los más pobres.

Los únicos que se salvan de ese comercio son los partidos pequeños o nuevos que no completan para la compra de votos a domicilio.

Son factores externos a la emisión del voto los que acaban dominando el proceso: la compra de votos y la representación en las casillas.

Quien no tenga suficientes representantes en el lugar de votar se verá arrasado por las trampas de los que sí los tienen.

El adversario a vencer no es únicamente el abstencionismo, es el voto comprado y puesto a domicilio.