A Rajatabla

Inmaduros

Recuerdo a un médico amigo que iba cada semestre al gimnasio del Tec.

Ahí inscribíamos alumnos, antes de la bendita computadora.

Acompañaba a su hija y la guiaba en la formulación de sus horarios.

No asimilaba que su hija tenía veinte años de edad y se veía apenada por el trato.

De buena fe, a veces nos olvidamos que los hijos crecen y maduran.

Que somos los padres quienes los necesitamos permanentemente inmaduros.

Hasta que ellos se rebelan, a la buena y comedidamente, o a la mala.

Lo ideal, como dice la canción, es ser sólo “el viento bajo sus alas”.