A Rajatabla

Ilusos: Jaime y Margáin

La fauna que merodea alrededor de Palacio de Gobierno, esperando que en el 2015 caiga la presa mayor, incluye a los renuentes, como Ildefonso Guajardo, que sólo se moverá si su jefe, el Presidente de la República, se lo pide.

En el otro extremo están los espontáneos, los que a falta de apoyos reales o reconocimiento de sus partidos, se trepan a la plataforma de lanzamiento por si un golpe de viento o de azar los proyecta hacia la candidatura.

Destacan en ese grupo el aún priista Jaime Rodríguez Calderón y el panista de la vieja guardia Fernando Margáin. Jaime se desespera porque el PRI lo ignora, coquetea con los minipartidos e insiste en sacarle más jugo a la leyenda de su fiero combate a los criminales en su paso por la alcaldía de García.

Olvida que llegó ahí como premio de consolación, no para él sino para su jefe, Abel Guerra. Que su vocación y liderazgo corresponden al campesinado, que nadie lo imagina entre empresarios o en el sillón de Rodrigo.

De Fernando Margáin, cualquiera le dice en San Pedro que es un buen hombre, aunque algo indolente. Pero fuera de nuestro Beverly Hills de plástico no lo conocen los electores.

En su última aparición como alcalde sampetrino dejó zarandear su buena imagen y su prestigio a manos de los corruptos administradores de Desarrollo Urbano.

Como sucedió con Jaime, su anuncio informal de que buscaría la candidatura, cayó en un mar de hielo e indiferencia en su propio partido.