A Rajatabla

Huele a bronca

En su senilidad sindical, antes de la caída en un reclusorio, Elba Esther Gordillo impuso, contra todas las corrientes locales, al profesor Guadalupe Castillo como dirigente de los 23 mil maestros de la Sección 50.

El pecado de origen pudo subsanarlo Castillo, como lo han hecho en casi todo el país los otros dirigentes, con un buen trabajo de reconciliación interna y servicio a sus agremiados. Al menos esa es la línea sindical que ha dado el dirigente nacional de los maestros, el profesor Juan Díaz.

Pero en Nuevo León, la Sección 50 parece hundida en un caos enervante, con liderazgo ayuno y dineros dilapidados, sin ton ni son.

Ante una ola creciente de inconformidad interna, el profesor Castillo ha recurrido a dos estrategias: una es comprar o al menos neutralizar a los enviados del sindicato que han venido a revisar sus cuentas y conducta personal.

La otra es recargarse en Palacio de Gobierno, declarándose incondicional y protegido de sus funcionarios.

En pleno receso navideño, líderes de diferentes grupos de la Sección 50 decidirán hoy los pasos a tomar para sacar del hoyo a la sección, como se los ha pedido el líder nacional.

El ultimátum: o arreglan su caos localmente o envían un delegado nacional a tomar los mandos.

Castillo no ha querido ponerse los zapatos de los buenos líderes del pasado inmediato, sino los de Juan Pablo Reyes, otro que provocó la venida de un delegado nacional.