A Rajatabla

Hambre

Nos imaginábamos más dramática la Cruzada contra el Hambre.

Establecer, los primeros seis meses, comedores populares en los barrios más pobres.

Durante un año, crear empleos públicos temporales, de baja calificación para jefes de familia.

Al largo plazo, proveer empleo formal, educación y salud a las familias.

Pero la cruzada la vemos extraviada entre formalismos y firma de convenios.

No sabemos de una sola familia, en el país entero, que ya se esté alimentando.

Tampoco hay movilización social, masiva, para dar la mano a los hambrientos.

El problema es de conciencia. De todos, no exclusivo del gobierno.