A Rajatabla

Gobernador de tres años

Todos los gobernadores constitucionales de Nuevo León, hasta el panista Fernando Canales, han sufrido por el desfase entre el sexenio estatal y el presidencial.

Tres años disfrutan las mieles de gobernar con un amigo en Los Pinos y otros tres bajo la hostilidad o la indiferencia de un nuevo mandatario federal.

El desfase llega a tener efectos trágicos para los gobernadores: Eduardo Elizondo empezó su gobierno con la simpatía y respaldo de Díaz Ordaz, pero sufrió y aventó el arpa bajo las presiones y hostilidad de Echeverría.

Sócrates Rizzo pasó de ser el amigo favorito del presidente Salinas a ser el apestado de Zedillo, al punto de orillarlo a renunciar.

Rodrigo Medina viene de tres años bajo el agobio de un Presidente adversario, faccioso, que metía más de 40 cuñas a su administración desde las delegaciones federales.

Medio siglo de esos desfases son una buena causa para tratar de emparejar los sexenios federal y local.

Para volver simétricos ambos periodos habría que cambiar la Constitución del estado y establecer, por única ocasión, que el próximo gobernador durara en su encargo tres años.

La misma estrategia con la que emparejó Elizondo comicios y periodos entre gobernador y alcaldes.

Un mandato chico de tres años enfriaría los ánimos de los aspirantes de ahora. Pero a la larga todos saldremos ganando.