A Rajatabla

Feria que nadie quiere

Los opositores más feroces del concepto de la Tarjeta Feria para pago electrónico del pasaje camionero fueron precisamente los transportistas.

No los convencía que así se pagara el pasaje en casi todos los países de Occidente. Que la tarjeta eliminaría quehaceres molestos y riesgosos al operador de la unidad. Vaya, ni siquiera ser ese el sistema de mayor control de los ingresos.

Precisamente en esa palabrita –control– radicaba su mayor oposición: Preferimos tener de socios a los operadores que ordeñan las ánforas, que a Hacienda, con conocimiento probado de nuestros ingresos.

Fueron los empresarios cetemistas los que finalmente asimilaron el cambio tecnológico, pero a su manera.

Inventaron la Tarjeta Feria como negocio particular de los hijos del líder de su organización sindical.

La implantaron a lo tosco, sin ganarse primero la simpatía de los usuarios, a la fuerza, sin regalar una sola de muestra.

No ha cuajado el concepto. Apenas 30 por ciento de los usuarios pagan anticipadamente con la Feria.

Y resulta inaceptable, oprobioso, que a los que se resisten se les cobre un pasaje mucho más caro.

No fracasó el concepto, sino su explotación arbitraria, aprovechada de  concesionarios empoderados por un sindicato.

Habría que entregar el negocio de Feria a una dependencia que tenga como norma cuidar al usuario, no la cartera de unos cuantos improvisados.