A Rajatabla

Ebrios de poder

Son concurrentes pero muy diferentes las responsabilidades del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo respecto a las finanzas del estado.

El gobernador debe proponer un presupuesto de ingresos y egresos para el ejercicio anual.

Es privilegio de los diputados aprobarlo o reprobarlo. En todo caso, regresarlo al Ejecutivo con recomendaciones para su modificación.

Lo que es aberrante, caricaturesco, es que los diputados echen a la basura ese presupuesto, apoyado en los cálculos y estrategias del funcionario que sabe de números —el secretario de Finanzas—, y pretendan redistribuir partidas, favorecer sus intereses partidistas, descarrilar dependencias.

Por definición, salvo excepciones, los diputados no son expertos en finanzas ni lo intentan; revisan el presupuesto con gafas partidistas, facciosas y con el afán explícito de arruinar políticamente al gobernador y a su partido.

Igual es excederse en sus funciones, impedir el aumento del predial a los municipios, que están en bancarrota, sólo porque el de Monterrey, mañosamente, canceló el incremento con propósitos electorales.

O impedir el replaqueo, necesario para poner orden en el caos de miles de autos robados y en circulación.

Intentar gobernar desde el Congreso del Estado, tomar toscamente las riendas de las finanzas públicas, es sembrar vientos para acabar cosechando tormentas si esos opositores llegan un día al Poder Ejecutivo. 

jvillega@rocketmail.com