A Rajatabla

Dilema

Quienes tengan que tomar la decisión sobre la sucesión de Nuevo León tendrán que romper el nudo gordiano: queremos un candidato triunfador o un buen prospecto para gobernar.

Si se trata de ganar, hay que buscar la figura popular del político capaz de atraer multitudes. O prepararse para dar fiera pelea por un candidato no tan arrebatador pero que garantice que será un buen gobernador. Y gobernar bien en el próximo sexenio requiere alguien con ideas, voluntad política e innovadora.

Porque la campaña son tres meses, tiempo insuficiente para conocer al mejor candidato. Para lo otro, para seleccionar a quien pueda ser el gobernador idóneo para el momento de un nuevo desarrollo estatal con justicia social, muchos empleos y bienestar general, hay que evaluar talento, experiencia y capacidad de innovación. El camino más fácil es el de la popularidad, y ése se granjea con cualidades de artista, no con virtudes de estadista.

Ante ese dilema se encuentran los partidos. Uno es ganar la elección y otro es conseguir para Nuevo León al mejor gobernador, y ahí la importancia de lo que suceda en los partidos en este mes de diciembre. Éste es el proceso de auscultación y de cortejo de cualidades de sus aspirantes. Siempre ha sido así, pero esta vez nos va en juego el subirnos a un nuevo carro de progreso que coloque a Nuevo León en el liderazgo internacional y en la locomotora equipada del desarrollo nacional.

Si es necesario póngales nombre y usted decida lo que quiere para el estado. Todo es posible si realmente amamos a Nuevo León.