A Rajatabla

Diferente enfoque

Un presidente impreparado que llegó a Los Pinos compró a sus asesores una lucha nueva que parecía muy oportuna: emprender la guerra contra el crimen organizado.

La inició como batalla principal y exclusiva, improvisando, vaciando todas las partidas ajenas y dedicando al asunto todos los recursos etiquetados para el bienestar social y el desarrollo de la comunidad nacional.

La guerra distorsionó la atención nacional y se convirtió en cuestión de números.

En Nuevo León se atendió el llamado del Gobierno Federal a las armas, pero se trabajó igual de intenso para sanar la salud y la resistencia de las organizaciones civiles para recuperar el tejido social y quitar de las manos de los delincuentes los espacios públicos y privados, donde el crimen había instalado su reino del terror.

Con esa doble óptica, la lucha armada se emparejó con mejores instituciones de seguridad, acuerdos federales para poner al frente a las fuerzas convencionales con la apertura de cuarteles para vigilar mejor las ciudades e inversiones cuantiosas en materia de desarrollo.

Ahora es tiempo de construir arriba de esos cimientos, no se trata de matar más delincuentes, sino de devolver la oportunidad de la paz para que el Estado sea otra vez una comunidad que planta el bienestar en sustitución del comercio de enervantes.

jvillega@rocketmail.com