A Rajatabla

¿Quién Dice Yo?

Usted seguramente se sentiría como en familia en nuestra comida de los miércoles, donde concurren nuestro afecto de amistad, el buen apetito y, sobre todo, el ánimo de debate sobre los problemas de nuestra patria, de nuestro estado.

Cuestionamos la demagogia del Presidente, la insensibilidad del gobernador, la impudicia de los diputados, la corrupción en Monterrey, el deterioro de las cámaras, la nula representatividad de los partidos.

Y concluimos, como hacen usted y sus amigos, en lo mismo: en lamentar que nadie haga algo, que no haya líderes, que lástima que estemos tan ocupados en cuidar lo nuestro y no nos quedan tiempo ni iniciativa para defender lo que es de todos.

En ese punto crítico está la comunidad nacional,  los ciudadanos como usted y como yo: hartos de los vicios del sistema, de los abusos de los políticos, de la corrupción que desangra al país. Pero enervados, apáticos, resignados al azar o al dudoso patriotismo de nuestros líderes.

Tendremos que ir más allá del muro de las lamentaciones: presionar la participación ciudadana plena, formar nuevos partidos y grupos de acción cívica, denunciar a gritos, con protestas y ostracismo social, a los corruptos.

No coincidimos con las ideas de López Obrador ni con la virulencia de la Coordinadora de Maestros, o con las policías comunitarias, pero por lo menos ellos, frente a nuestra apatía, sí se atreven a disentir, a hacer algo por cambiar las cosas.