A Rajatabla

Desorden

En el pasado unipartidista, el tesorero del estado acompañaba en sus giras al gobernador para decirle al oído lo que no podía prometer porque no había recursos para cumplirlo.

Ahora tiene que sujetarse a un presupuesto y hay mecanismos para poder controlar la generosidad del funcionario con dinero ajeno.

Pero también hay formas mucho más onerosas de hacer nulos los presupuestos y cálculos.

Se licita por miles de millones de pesos y con penas específicas por su violación, pero se vale añadir recursos por cambios en la inflación.

Un puente se calcula en 100 millones de pesos y por puros añadidos acaba costando 250.

En ese vaivén de las cifras caben todos los moches e irregularidades que hunden las finanzas del estado.

Uno de los mecanismos para combatir la corrupción y evitar el aumento irresponsable de las deudas tiene que ser acabar con ese vicio de los presupuestos violados.

El ejercicio es posible si se sanciona tanto al funcionario como al empresario que lo permiten.

O sea que hay tela de dónde cortar para poner en orden las finanzas estatales y para que rindan los recursos sencillamente como se presupuestan.