A Rajatabla

Democracia

Margarita Arellanes calificó la elección interna del PAN del domingo como una lección de democracia.

Eufemismo puro. No se refería a la compra de votos en la calle, tampoco al acarreo de votantes reclutados en los barrios más pobres, y menos al punto de que el triunfo se lo arrebataron dos dueños del PAN: Zeferino Salgado y Raúl Gracia.

Grandeza ante el infortunio por parte de Margarita. Le sacaron de la bolsa un triunfo que le había costado largos meses de esfuerzo y la inversión de millones de pesos del erario municipal.

Tuvo ese triunfo en la bolsa hasta dos días antes de la elección. Bastó una orden terminante de Salgado y Gracia para que sus seguidores cambiaran de instrucción y se le fueran al cuello a Arellanes.

Las heridas y daños del partido no son aún computables. Queda lastimado, dividido y escarmentado sobre donde se arreglan las elecciones, que no es en las urnas.

Margarita arrastró en su desgracia a todos los precandidatos que había apoyado, quienes perdieron sus opciones de curules.

Dejó también en la empalizada a su candidato a alcalde de Monterrey, que quedó simplemente vulnerable y débil terminal.

Si ésa es la democracia panista, el partido necesita cirugía mayor para salir de su lastimoso estado y volver realmente a sus caminos democráticos tradicionales.