A Rajatabla

Culpas compartidas

Nos escandalizamos por los funcionarios que exigen moches a proveedores y contratistas de los gobiernos estatal y municipales.

Pero soslayamos que la corrupción es camino de doble vía, por donde transitan lo mismo el funcionario voraz que ciudadanos ávidos de ganancias desmedidas.

Las cámaras, las universidades, todos tan celosos de vigilar el comportamiento del Gobierno, deberían aportar estándares para los costos de la obra pública, de la proveeduría.

Es absurdo el costo que le cargan, por ejemplo, a la construcción de pasos a desnivel: cada alcalde lo ha ido aumentando: lo que costaba 30 millones de pesos ahora ya lo calculan en 200 millones.

Y algunos que se construyeron hace menos de cinco años, los tumban para amontonar otras soluciones, como puentes. Hasta el municipio más modesto de la zona metropolitana gasta millones de más en la compra de medicamentos para sus empleados.

Barril sin fondo es el asfaltado de calles. En sus informes hablan de cientos de miles de metros cuadrados cada año. Nadie los cuenta ni revisa la calidad que se desmorona con el primer aguacero.

Las mismas patrullas se pagan a precios muy diferentes según el municipio que los compra.

Buen número de los proveedores cómplices son los que ahora sufren el pago retrasado de sus adeudos oficiales. Su reclamo es muy particular: lo hacen a los mismos funcionarios a quienes les pagaron el moche desde el primer día. ¡Son tan corruptos!, se lamentan.