A Rajatabla

Cuentas chapuceras

En nombre de la autonomía municipal, los alcaldes se sirven con la cuchara grande de la corrupción.

Lucran con las licitaciones de servicios como el de limpia, el de corte de hierba en los parques, el de reparación y sustituciones del alumbrado público.

Igual se enriquecen con la compra de medicamentos y con la asignación de obras públicas que les deja hasta el 30 por ciento de moches.

Su única sanción posible es cuando el Congreso revise sus cuentas públicas; y las revisan años después, ya con amnistía para sus irregularidades.

Los priistas le perdonan la vida a la alcaldesa a cambio de que los panistas dejen pasar impunes los estragos en Guadalupe y Escobedo.

No tan sólo resultan impunes los alcaldes con sus abusos, sino que además se promueven para cargos más altos.

En Guadalupe, César Garza se la ha pasado pagando deudas donde Ivonne Álvarez dejó la casa tirada para subir al Olimpo que es el Senado.

En Apodaca, Benito Caballero dejó cuentas con proveedores por 400 millones, sindicalizó a más de cien trabajadores, otorgó aumentos hasta del 30 por ciento, medidas que aún lastran la administración de Raymundo Flores.

Pero Caballero se fue impune en pos de una curul en el Congreso. Y en el colmo de la audacia, buscará de nuevo la alcaldía de Apodaca,

Muy libres, muy autónomos y muy pillos.