A Rajatabla

Crisis

Sin todavía cicatrizar las heridas de la paliza que recibieron en los comicios del pasado 7 de junio, los panistas de Nuevo León están en una lucha interna en busca de su nuevo dirigente estatal.

A algunos les gustaría regresar al rancio abolengo que les mereció respeto como auténtico partido de oposición, con hombres y mujeres apegados a la doctrina de origen de Acción Nacional.

Otros sugieren imitar la táctica de los movimientos independientes con personajes de nombre, trayectoria y en especial con compromiso social, aun cuando no sean panistas de cepa.

Los más nuevos le apuestan a las alianzas, a la unidad de grupos, a fortalecerse en torno a un proyecto plural donde tendrán espacios y posiciones mientras se respeten los acuerdos.

Los panistas caminan desorientados. Incluso en la autocrítica no son lo suficientemente severos, y en vez de buscar la unificación, es más común escuchar enojo por los resultados electorales, que mucho tuvieron que ver con las traiciones internas.

Quien sea el ganador en la dirigencia panista sufrirá penurias para encontrar un factor de unidad que les permita reencontrarse como partido y posteriormente hacer el llamado a la población para que vuelva a confiar en el PAN, que en base a resultados no ha respondido a las altas expectativas, salvo contadas excepciones.