A Rajatabla

Contraste odioso

El asesinato infame del general retirado Ricardo César Niño Villarreal en Vallecillo, Nuevo León, recuerda lo difícil que es combatir al crimen desde el marco de las instituciones y las leyes.

Lo mataron en territorio de nuestro estado, lo que provocó el reclamo histérico de los que sólo saben criticar.

Si lo que se dice es cierto, las escoltas del general lo acompañaron hasta los límites de nuestro estado, pero los asesinos no tienen por qué respetar jurisdicciones, por eso lo persiguieron hasta alcanzarlo.

La nueva política de manejar con sordina la información violenta pide a los militares y funcionarios manejar con discreción sus movimientos. El general debió viajar en medio de una escolta numerosa y armada. No lo puede uno imaginar viajando en un Tsuru solo con su esposa.

Eso es lo que se afirma hasta ahora. Pero la descomposición de Tamaulipas vuelve todo sospechoso.

¿Cómo supieron los delincuentes que el militar acabaría viajando solo y sin escolta? ¿Por qué los que lo custodiaban no armaron el operativo para entregar al general en manos de un escolta de Nuevo León?

A los policías, ¿los detuvo el fin de su jurisdicción o la traición para dejar el camino libre a los asesinos?

Son preguntas críticas que pueden permitir dimensionar los tamaños de la traición: ¿Fue el burocratismo de los límites o un complot como los que provocaron entre otras la muerte de un casi gobernador de Tamaulipas?

Lo que sería terrible es que por la política de discreción, el asesinato sea manejado por los conductos ordinarios. Debiera armarse una investigación de alto nivel.

jvillega@rocketmail.com