A Rajatabla

Compromisos

Los candidatos tienen una propuesta para cada problema que les plantean los electores.

Pero lo curioso es que los oyentes siguen incrédulos y solamente dan una promesa amable pero no muy firme de que van a votar por él o por ella.

Quizá haya que reformar el formato de los encuentros político-electorales.

Que en cada uno de ellos se llegue con un propósito, enfrentar al aspirante con nombres de carne y hueso, y dedicarse a responder sus preguntas específicas.

Que un obrero diga lo que gasta en transporte, cuánto le cuesta el lonche, cómo le hace para curarse cuando en el Seguro Social le dan cita para de aquí a seis meses.

Un ama de casa que cuente las penurias para ir al súper, calzar a los hijos, comprar medicinas.

En foros más formales que comerciantes cuenten sobre todas las dificultades para abrir un negocio, conseguir créditos y encontrar mercados.

Preguntas a las que no se responde con promesas grandilocuentes.

Una madre soltera que le diga cómo se tiene que romper el alma porque no hay juez que persiga al hombre desertor.

Para eso se necesita ir acompañado de un grupo de asesores a los que consulte abiertamente delante de la gente, porque no se trata de convencer a nadie de que es un súper hombre o una súper mujer sino un proyecto de muy buen líder y de un gran trabajador incansable.