A Rajatabla

Colegios mudos

Los colegios de profesionistas, sean abogados, médicos, ingenieros, contadores, no pueden autolimitarse a ser club de cuates o agotar su agenda en la organización de la posada.

Los de abogados operan en Nuevo León más de media docena, donde militan algunos de nuestros mejores y más prestigiados.

Cumplen con cierta regularidad como consultores de proyectos de ley, sobre todo en estos tiempos de rápida evolución de los procesos penales.

Pero donde fallan todos, sin excepción, es en constituir un tribunal que emita juicios documentados para sancionar a los peores de la profesión.

Ninguno de esos colegios, por ejemplo, se ha pronunciado sobre los casos sospechosos de corrupción extrema en algunos juzgadores federales.

Uno de ellos, en franco amasiato con el crimen organizado, está siendo acusado por una agencia antinarcóticos extranjera, la DEA.

Pero en Monterrey, donde a los abogados les consta la justicia vergonzante que dictaba ese mal juez, no se ha oído ni siquiera una queja, ya no diga un juicio de honor y justicia que lo aparte del prestigio que corresponde a la profesión.

Mientras las redes sociales y aun los medios barren y trapean, acusan de oídas y emiten sentencia visceral, los que saben y pueden evaluar, los que tienen la responsabilidad de juzgar a los suyos, andan en el jolgorio y las sesiones de autoalabanza y acomodamiento político.