A Rajatabla

Ciclistas prohibidos

Ensombreció el ánimo de los regiomontanos el accidente estúpido provocado por un tránsito ebrio de San Pedro. El saldo mortal de una mujer muerta y sus compañeros heridos, todos vecinos de colonias residenciales.

Los clubes de ciclistas de otros grupos lamentan la tragedia y, como otras veces, pidieron dos cosas: castigo ejemplar para los ebrios que conduzcan; segundo, que se legisle para dar protección a los ciclistas y que se obligue a los municipios a prestar seguridad y reservar espacios en calles y caminos para la circulación exclusiva de ellos.

Pero esas son medidas que debemos resolver después de atender el problema de fondo: la ciudad acabó diseñada para el uso exclusivo de los automóviles y todas sus obras viales se han hecho pensando en el conductor, sin tomar en cuenta a peatones o ciclistas.

Con una ciudad congestionada y calles estrechas es imposible reservar espacios para nadie que no vaya en cuatro ruedas.

La ciudad ya está así, a nadie se le ocurriría tumbar edificios o banquetas para hacer carriles exclusivos; la posibilidad es legislar para que los vivienderos y fraccionadores les reserven espacios en las nuevas calles, y la otra, que parece lesiva para quienes practican el deporte, sería prohibir de plano sus competencias y paseos en grupo en una ciudad extremadamente peligrosa.

El principal escollo para cualquiera de esas medidas es la incultura vial de nuestros automovilistas, que no respetan a peatones o ciclistas y que tal parece que los agreden en su afán de correr a toda velocidad.