A Rajatabla

Chambas mal pagadas

Los empleadores públicos y privados de Nuevo León se someten complacientes a la ley de la oferta y la demanda cuando se trata de contratar a los profesionistas universitarios.

A los que pasaron años estudiando licenciaturas y hasta maestrías, les ofrecen salarios mediocres de menos de diez mil pesos.

Y en el colmo de la incongruencia, instituciones de educación superior contratan a sus propios egresados por sueldos aún menores.

La justificación estrictamente económica es que sobran profesionistas. Que hay un desfase entre la preparación de las aulas y las necesidades del mercado.

Pero al conformarse a esa distorsión y aprovecharse para pagar menores salarios, los empresarios inflingen daño serio a la formación de capital humano, sustento de su productividad futura.

Se desalienta entre los jóvenes la intención de hacer estudios superiores.

Se desvía a los egresados al desempleo o al subempleo: a vender celulares. A poner un puesto en la pulga.

Monterrey, ciudad de la educación, sufre esa plaga de empleos profesionales mediocres.

Y el problema debiera ser abordado con responsabilidad social no sólo por las universidades, sino también por los empleadores. Pagar centavos a los mejores los condena a tener en el futuro profesionistas de a centavo.