A Rajatabla

Certificación

Cuando se haga la crónica de nuestra generación, los ciudadanos del futuro se cuestionarán por qué nos esmerábamos en certificar a policías y no a los funcionarios que nos gobernaban.

No se trata de resolver sólo si son honestos y confiables, habría que certificar su voluntad de servir sin delinquir, ni meter la mano al erario, y luego las instituciones superiores de educación deberían de diseñar exámenes para comprobar si tienen la capacidad para manejar miles de millones de pesos, de administrar con doce mil colaboradores y atentos a la opinión de los ciudadanos.

Comprobar si entienden que la clave de la democracia son ahora la transparencia y la rendición de cuentas.

Exámenes y pruebas podrían ponerlos a disposición de los ciudadanos antes de los comicios, con todo eso faltarían cualidades por medir, como su visión de estado y su vocación de servicio público.

Con sólo enunciar esas características comprendemos que algunos de los que suenan para gobernador no tiene ni el mínimo de ellas y que es más su entusiasmo que su capacidad, pero mientras es obligatoria esa certificación, podemos practicarla en términos caseros para evaluar al que nos pide el voto.

Ser gobernante no es gracia otorgada por los dioses sino responsabilidad de quien los designa, porque vamos a llegar a la paradoja de tener las mejores policías del mundo dirigidos por gobiernos de ladrones y truhanes.

Como en los bailes de quinceañera, poner el letrero de se requiere invitación y nos reservamos el derecho de admisión.