A Rajatabla

Cenicienta

En 1966 llegó a la alcaldía de Monterrey un joven universitario que destacaba como líder juvenil en el PRI. César Lazo llegó sin que nadie que no lo conociera esperara mucho de él. Fue, sin embargo, uno de los mejores alcaldes que ha tenido la ciudad.

Lo que hizo con los pavimentos, por ejemplo, es una lección que aún les queda grande a los alcaldes metropolitanos. En lugar de componer las calles destrozadas volviéndolas a pavimentar, decidió cubrir la ciudad entera con una capa delgada de asfalto.

Las cuentas que hacía César era que tomaba tres años asfaltar todas las calles de la ciudad y que el asfalto duraba tres años. Cuestión de volver a empezar a asfaltar.

 Igual fueron de su invención los centros cívicos, modelos a escala de los macrocentros comunitarios de ahora. Contaban en su interior con lavanderías, planchaduría, duchas, salón social y aulas. Todo para el disfrute de los vecinos.

Veinte años después hubo que transformar esos centros. Los vecinos ya tenían ducha en sus casas, agua potable, electricidad y todas las comodidades que hayan visto ahí.

Igual reanudó la escuela municipal de verano que había existido treinta años antes, creó la feria del libro que aún hoy subsiste y luchó para acabar con la competencia de las juntas municipales de mejoramiento cívico y material que robaba funciones a los alcaldes.

Luchó a brazo partido por la soberanía municipal. Y hasta perdiendo ganó porque el Gobierno del Estado le quitó el control del transporte urbano, cosa que resultó para bien.