A Rajatabla

Carretera mortal

En los años sesenta un conductor ebrio arrolló a un grupo de conscriptos del Pentatlón que marchaban por el acotamiento de la carretera Nacional, a primera hora de la mañana, aún oscuro.

Por los jóvenes muertos hubo llanto de la comunidad y los medios de entonces exigieron en sus editoriales que se castigara duramente al multihomicida.

Pero estaba en la calle antes de dos años. Su defensor argumentó ante el juez que el acotamiento no es para marchar sino para desfogue del tránsito y en beneficio de los vehículos.

Los muchachos, además marchaban con uniformes negros en medio de la oscuridad de la madrugada.

En otro sonado caso, un automovilista arrolló a un motociclista de Tránsito de Monterrey que escoltaba con sirena abierta el auto de un visitante ilustre del gobernador.

Hubo condena popular al irresponsable automovilista que no respetó ni las sirenas ni las luces intermitentes de los tránsitos.

La defensa argumentó que sirena y luces son para uso de emergencia, no para efectos ceremoniales. Los tránsitos eran de Monterrey pero el accidente fue en una carretera federal, fuera de su jurisdicción.

Cincuenta años después todavía padecemos esos accidentes absurdos, como el atropello mortal de un ciclista dominical.

Duelen las muertes de inocentes pero tenemos que asimilar que las carreteras difícilmente son para pasear en bicicleta. Y menos para beber al volante de un auto.