A Rajatabla

Buenos y malos alcaldes

El veredicto de la historia contemporánea de Monterrey es adverso para todos los alcaldes panistas y para algunos de los priistas.

Óscar Herrera resolvió el problema de los puesteros y ambulantes concentrándolos en zonas comerciales en las calles de Colegio Civil, Reforma y Jiménez, lo que permitió a los regiomontanos volver a ver las fachadas de casas y negocios en el centro histórico de la ciudad.

El envilecimiento del crimen organizado mostró el descuido de las administraciones que no aprovecharon la tregua para hallar una solución permanente.

César Lazo dio un golpe de ingenio para resolver el problema oneroso del bacheo, del remiendo de pavimentos, extendiendo una capa de asfalto sobre todas las calles. La superficie tersa y de suave manejo para automóviles y camiones.

Lazo modernizó todas las redes eléctricas con resultados tan espectaculares que los regiomontanos subían al Obispado para contemplarlos. Con una ciudad que no tiene más pobladores, pero multiplicó el gasto y la nómina hasta 10 o 15 veces más.

Organizó de nuevo la vieja Escuela de Verano de la UANL, que trajo a los más grandes artistas e intelectuales del país, llenó los muros y corredores del viejo palacio y estableció la Feria del Libro.

Herrera tuvo el respaldo absoluto del gobernador Lazo, en cambio era detestado por su gobernador, que estorbaba todos sus proyectos innovadores.

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