A Rajatabla

Buenos índices

Un crimen en la colonia de al lado, el secuestro de un conocido o el robo del automóvil del vecino son más elocuentes que cualquier estadística favorable anunciada por el Gobierno del Estado; las buenas noticias se vuelven inverosímiles y se deja de apreciar el avance notable en la guerra contra el crimen.

Pero si se trata de comparar percepciones personales vs estadísticas, hay que apelar a lo que se siente y palpa.

Se acuerda cuando en el auto no traía ni papeles ni valores porque se lo podían quitar con violencia en cualquier rincón de la ciudad. Y el toque de queda que paralizaba la ciudad y dejaba desiertos los caminos.

La desaparición de estudiantes, amas de casa, músicos, dueños de lotes de autos y de depósitos. El ambiente de desaliento de quienes eran sometidos al pago de piso.

Nada de esto es leyenda, nos consta a todos y todos supimos los vejámenes de un estado inválido.

El fin de esas oprobiosas condiciones es lo que se refleja en los índices de seguridad propagados por el Estado. La ciudadanía ya perdió el miedo a salir a la calle.

La ciudad ideal sería una sin un solo crimen y todavía nos falta por acabar con los similares, esto es con los imitadores y herederos del crimen que llegan al colmo de asaltar con cuchillo de cocina, desarmadores y a mano limpia, porque ya no tienen acceso a las AK-47.

Pero ahí la llevamos, y lo peor que podemos hacer es menospreciar estos logros y propagar que el crimen sigue teniendo su mano en nuestro cuello. La guerra se gana en el campo de batallas, pero también en el parte de la guerra, en buena hora que lo contemos nosotros.