A Rajatabla

Asuntos pendientes

El rumor de que el procurador de Justicia, Adrián de la Garza, dejaría pronto su cargo, provocó un alud de desmentidos oficiosos. Elogiaban su indudable capacidad profesional y su relación positiva y entrañable dentro del equipo más próximo a Rodrigo Medina.

Muy en el estilo actual, siempre con las gafas positivistas puestas. Sin una rendija para la autocrítica y menos para las opiniones externas disidentes.

Siendo ciertas todas las virtudes que atribuyen al procurador, en la hoja de servicios de la dependencia hay feos lunares y asuntos epidémicamente reiterados.

¿Dónde están, avanzaron alguna vez los expedientes de los más de veinte mil muertos ejecutados o caídos durante los años de la peor violencia?

Se volvió parodia la danza de sus peritos vestidos de blanco, recogiendo casquillos y evidencias.

Ahí se agotaba la abrumadora mayoría de las averiguaciones.

Ya en casos específicos, el Ministerio Público aún nos debe resultados sobre la acusación contra Jonás Larrazabal, el asunto del fraude con placas del Instituto de Control Vehicular, el asesinato de Hernán Belden.

Y han pasado inadvertidos, sin sanción, los errores de consignación del Ministerio Público que han dejado en libertad a un viudo asesino, al que quemó a su amiga en el auto, a varios halcones y policías corruptos.

En buena hora que se quede el procurador. Pero apremia que empuñe la escoba y le quite las telarañas a la dependencia.